16. Voluntad
- Buenos día Carlos, ¿qué planes hay para hoy?
- Pues había pensado que fuésemos a la Habana y conocie..- en este instante le interrumpió Fernando.
- Carlos, yo no tengo muy claro que quiera estar en Cuba ¿puedo volver a casa?. Fernando había decidido meter en un rincón muy chiquitito de su cerebro todo lo acontecido con Danay, con el tesoro y con su aterrizaje en general. Lo quería guardar en el mismo rincón cerebral que guardó los buenos recuerdos compartidos con su padre.
- Esto, Fernando, ¡acabamos de llegar! ¿tienes idea de cuánto cuestan los billetes?. Nos vamos a quedar sólo unas semanas.
- ¿Pero, qué hacemos en Cuba?, ¿por qué Cuba?
- Te lo contaré mientras paseamos por la Habana.
Cogieron un taxi que les llevó directamente a la Bodeguita de Enmedio.
- Fernando, aquí ponen los mejores mojitos, son insuperables. Este sitio está un poco deprimido, pero aquí han actuado los mejores artistas de Cuba...
Carlos hablaba y hablaba y Fernando sólo pensaba que La Habana le estaba pareciendo un lugar muy sucio y triste, un poco antiguo, pero parecía que su hermano hubiese vivido allí siempre. Saludó a los vendedores de la puerta por sus nombres y se acercó a una mujer con su niña, le habló discretamente y le entregó lo que parecía una bolsa con ¿pañales?.
- Carlos, no me gusta esto que tiene hierbas en el vaso.
- Fernando, se llama mojito y está exquisito, bebe hombre, bebe.
Un mojito más tarde Fernando estaba borracho, nunca bebía, miró a su hermano Carlos y le dijo.
- No me encuentro bien, creo que se me está hinchando la lengua, casi no puedo hablar, Fernando, no me quiero morir en Cuba, pero si eso pasa, déjale toda mi ropa a Danay, ella lo comprenderá.
- ¿De qué me estás hablando Fernando? Estas borracho nada más.
- ¿No me estoy muriendo?
- Claro, que ¡no!
- Pues entonces ¿¡qué estamos haciendo aquí!? quiero mi explicación.- Se levantó Fernando con el dedo apuntando al cielo y casi se cae al suelo.
- ¡Siéntante! todos nos miran. Fernando, hemos venido porque eres la última voluntad de Papá.
- ¡Papá se muere!, gritó Fernando y acto seguido, su frente golpeó la mesa y así se quedó hasta que Carlos decidió que era hora de irse.
15. Memoria fotográfica
Cuando Cándida repartió las habitaciones, Fernando se puso el feísimo bañador de flores y bajó a darse un baño a la piscina iluminada, la estampa era de cuento de hadas. Se dejó caer en el agua, se movió como un zopenco acuático y encontró en las escaleras romanas un buen lugar para tumbarse, con el agua por el cuello. Se le cerraban los ojos, estaba roto de cansancio del viaje y por otro lado la mente le iba demasiado rápido.
De repente, abrió los ojos con un gran sobresalto, no sabía siquiera si se había llegado a dormir, pero aquello que vio en su mente fue del todo nítido. Miró en todas las direcciones, pero allí no quedaba nadie. Salió del agua corriendo, se enrolló la toalla como pudo y subió las escaleras empapándolas. Buscó entre la maleta que aún no había deshecho y lo encontró. La moneda que su padre le dio hacía tantos años y que nunca había perdido de vista, era exactamente idéntica a la que aparecía dibujada en uno de los papeles sueltos que estaban en la caja. “Memoria fotográfica, gracias a los libros de 3D” pensó esbozando una sonrisa…
Algo le decía que papá sabía dónde iba a estar la caja… ¿dónde dijeron que vivía? ¿cuándo dijeron que iba a venir?
14.Colba
Había 3 o 4 libretas iguales a esta, escritos de principio a fin, con dibujos y anotaciones en los márgenes….
Cogió uno de los mapas, eran tan antiguo que Fernando tuvo miedo a que se hiciera polvo en sus manos. Lo miro con mucho cuidado.
- Esto era Cuba o Colba como se conocía mucho antes de que Colón atracara con sus barcos – indicó Danay viendo la cara de pasmo que tenía Fernando.
Oficialmente, en la isla está enterrado un tesoro, el tesoro de su familia;
Fernando miraba a Danay como si estuviera viendo una película en chino con subtítulos en ruso.
- Danay, ¿qué coño me estas contando?
- A ver, señorito, no se haga bulla y abra su mente, en esta caja esta toda la información que tenía su padre de un tesoro que escondió hace mucho tiempo. Un tesoro que robó, son unas monedas que transportaba un barco español y que tuvo la desgracia de naufragar cerca de nuestra isla.
Desconozco como se hizo su padre con esas monedas tan antiguas, pero Cándida seguro que si lo sabe y el señorito Carl-lo seguro que también.
... Fernando estaba completamente perdido... Con lo tranquilo que estaba él probándose zapatitos de mujer y viendo que piernas tan estilizadas le hacían y en cuestión de segundos, estaba inmerso en un follón de tres pares de narices, de un tesoro de unas monedas del año de Maricastaña……. ME CAGONELMAMONDEMIHERMANO! Por eso tanta insistencia en que viniéramos a cuba y no que nos fuéramos a Benidorm!
Recogió todos los papeles, recortes, libretas y los metió en la caja gris, dándosela a Danay, le pidió que la guardara en un sitio seguro.
Salieron de la habitación, Fernando se dirigió a la cocina donde le esperaba su hermano y Danay en dirección contraria para esconder la caja.
13. 1667
2 de septiembre de 1667, Isla de San Juan Evangelista, al sur de la Villa de San Cristóbal de La Habana, tras semanas de trabajo, la tripulación ya ha terminado de realizar las excavaciones, el tesoro del Rey descansa a salvo de piratas y corsarios./…/ De vuelta a la Habana, la tripulación ha sido retenida a su desembarco y posteriormente ajusticiada. Las dos únicas personas que conocemos el emplazamiento del tesoro somos su Eminencia el Maese inquisidor Ignacio Hermida y un servidor.
Sebastián cerró su diario y se tendió un rato sobre el jubón, no se fiaba el inquisidor y sospechaba que sus días estaban llegando a su final. Sobre la mesa reposaba su amuleto de la suerte, la calavera de un pequeño primate testigo de su primer viaje a las Indias, no tardó mucho en grabar un rudimentario mapa de la isla sobre ella antes de ocultarla bajo las tablas del suelo de su estancia.
No estaba desencaminado Sebastián en sus pensamientos, ya que fue envenenado esa misma noche mientras disfrutaba de una copiosa cena con su Eminencia, quién por esas casualidades del destino fallecería pocas semanas más tarde bajo unas intensas fiebres cuando ya avistaba las costas de Canarias. Los marinos, que siempre fueron supersticiosos, no dudaron ni un instante en alimentar a los peces con el enorme cadáver del mezquino inquisidor.
12. Un tesoro
- Perdona el retraso. Tengo cosas importantes que contarte y no tenemos tiempo que perder. Hola, Danay.
- Hola, señol Cal-lo. El señorito Fernando estaba a punto de volver a la cocina.
- Perfecto. Pero no te retrases, Fernando. Sabes que odio los retrasos.
Carlos salió de la habitación. Danay guiñó un ojo a Fernando, que se sentó en la cama y murmuró para sí mismo:
- Odia los retrasos... Hay que joderse.
Cogió la caja gris y la abrió. Su contenido le sorprendió: había varios cuadernos, unos mapas, fotos, recortes, papeles sueltos, una lente de aumento, un crucifijo, un frasco con un líquido azulado y una calavera junto a una hoja de tabaco amarradas con una cuerda.
Nervioso, Fernando preguntó a Danay:
- ¿Qué es todo esto?
- Señorito Fernando, tengo que contal-le algo.
- ¿¡Qué es todo esto!? ¡Joder!
- No me estrese, Fernando. ¿Alguna vez ha escuchado a su mamá decir algo de un tesoro pirata que su papá enterró en Cuba?
- No sé de qué me hablas.
- Me lo imaginaba, señorito Fernando. Pero pronto lo va usted a saber.
11. La Caja Gris
- ¿Estas segura de que estaba en ese cajón Cándida?
- Segurísima, la he visto esta mañana.
- Pues ya no está.
- Miguel no me asustes. En esa caja está todo, los mapas, las cartas, los recortes, las fotos…
- Pues hay que decírselo al señorito Carlos. La caja ha desaparecido.
Fernando estaba tan ensimismado mirando el efecto que los tacones producían en sus pantorrillas que no oyó los primeros suaves golpes en la puerta. Cuando se percató de que alguien intentaba entrar quedó paralizado. Menos mal que había echado el pestillo.
- ¿Quién es?
- Señorito Fernando, déjeme entrar. Soy Danay.
Se quería morir. No supo que contestar y recordó lo que su madre decía a los vendedores.
- Gracias pero no me interesa.
- Cuando vea lo que le voy a enseñar sí que le interesará.
Fernando estaba a punto del colapso. Sólo de imaginar qué podría enseñarle Danay se le paraba el pulso. Se acercó a la puerta y dijo, apenas con un hilo de voz:
- Gracias Danay, pero no quiero sexo.
- ¿Sexo? Será cochino, oiga que yo soy una persona decente. Ábrame la puerta y no diga más tonterías.
Asustado por la reacción abrió a tiempo de ver como a Danay se le caía al suelo una gran caja gris y montones de documentos se desparramaban por el pasillo.
- Aprisa señorito, ayúdeme a recogerlo todo.
En ello estaban cuando oyeron pasos que se acercaban. Danay le empujó hacia dentro de la habitación y cerró la puerta.
Allí estaban los dos cargados de papeles mirándose a los ojos. Fernando vio como los ojos color miel de ella le recorrían de arriba abajo y, antes de que él pudiese decir algo, su sonrisa.
- Vaya, vaya, parece que heredó usted las costumbres de su papá. Esas sandalias siempre fueron sus favoritas.
TOC-TOC.
- Fernando, ¿estás despierto?
11. Zapatos
Tumbado boca arriba, hacía repaso del día, de sus nuevos conocidos, los cuales eran excesivamente cercanos y familiares, con un trato demasiado confianzudo, pero no le molestaba realmente. Pensaba también en los pocos minutos que le quedaban para hacer la llamada a España, de recordar las ágiles y desenvueltas caderas de la tal Danay, en la abundante cena preparada con esmero por Cándida… Sin embargo, cada uno de estos pensamientos era interrumpido. No podía concentrarse en nada. Algo le rondaba por su cabeza.
No podía evitarlo, pegó un respingo de la cama, se acercó al ropero y abrió las dos amplias hojas; de esta forma se reflejaría en los espejos interiores viéndose perfectamente por delante y por detrás.
Como nunca antes, Fernando disfrutó como un niño con zapatos nuevos. De salón, cerrados Pump, sttilettos verdes, sandalias rojas, de punta estrecha, redondeados, bailarinas, más grandes, más pequeños, de su número!!!… Zapatos de mujer!!! Se los probó todos, caminó de arriba abajo por toda la habitación y por unos minutos fue tremendamente feliz.
10. Son son
Ahí estaba Fernando moviendo la cabeza al ritmo de las caderas de Danay. No solía sentirse incómodo por el silencio cuando estaba con otras personas, como el ascensor. Siempre conseguía evadirse con facilidad, pero este caso era diferente. Una chica, otro país y esa música que hipnotiza.
Debía hacer eso de "romper el hielo".
- ¿Usté es el hemmano del señol Cal-lo? - Afortunadamente fue Danay quien habló primero.
Fernando miraba sin querer mirar a la preciosa cubanita y respondía con un simple - uhmm sí -
- ¿Es la primera vez que viene a la isla?
- Uhm.. Sí - Sudaba mientras respondía
- En cuba hay mucho son m´hijo, sabrosssón. Vamos señol, baile usté también, si no nunca va a vivir la isla.
Danay se acercó balanceando sus caderas de izquierda a derecha y agarró las manos de Fernando.
Fernando , sin saber cómo ni porqué se descubrió a sí mismo al lado de Danay siguiendo las instrucciones que ésta le dictaba.
- Vamos m´hijo, mueva las caderas y la sintura, con gracia m´hijo, con gracia, asííí
- No sabemos lo que ronda la cabeza de este hombre, pero así no va hacer girar ni un hulahop - Comentaba en voz baja Carlos con Cándida en el marco de la puerta.
- Señol Cal-lo, vamos por buen camino, ¡ay si su padre viese esto!
09. En la despensa
Aprovechó la inmersión de Fernando en las curvas de Danay para ponerse al día con Cándida sobre algunos temas.
- Madre mía, Cándida, casi hace medio año que no vengo, qué ganas tenía de respirar este aire. ¿Sabes si papá tiene pensado venir este verano? Desde que mi hermanastra Luciana ha cumplido 15 años, ya no se deja ver el pelo
- Así es, señol, su padre deber tener miedo de que aquí los cubanitos bailen con su hija o, quién sabe, quizás con su mujercita brasileña, son “celosotes” los españoles.
- Es que… no se le quita de la cabeza que es casi 25 años más joven que él. Las mujeres de esta parte del océano, Cándida, nos volvéis locos. Nos engatusáis, y nos traéis para acá, nos hacéis hijos y mira, acabamos como mi padre.
- No diga eso, señol, usté bien sabe que si se es listo, tienen más que ganar que que perder… A usté aún no le cazó ninguna.
- Así es, y nunca lo harán. Espero que Fernando no se nos vaya de las manos, este plan que tenemos tú y yo entre manos, será para su bien si nos sale… pero como salga mal, a ver quién le lleva de vuelta a España.
08.Hipnotizado
- ¡Señorito “Cal-los”! ¡Cuánto tiempo sin vístannos!
- Ya ves, Cándida, unos cuantos años, pero es que tengo demasiado trabajo y apenas tiempo libre, pero en cuantito he podido, he venido a verte vieja bruja!!
Y dándole un fuerte abrazo entraron en la majestuosa casa.
- Cándida, te voy a presentar a mi hermano, se llama Fernando,
-Señorito Fennando, es un plaser para nosotros que haya venido a esta su casa- le abrazó como si le conociera de toda la vida, algo a lo que Fernando no estaba acostumbrado, el contacto físico es algo que a él le superaba.
Cándida, se adelantó con Carlos y les dirigió hacia la cocina, una estancia lo suficientemente amplia como para dar de comer a todo un colegio, donde se encontraba Danay, una linda cubanita de caderas prominentes que movía al son de los tambores que salían del hilo musical que recorría toda la casa. Fernando se quedó hipnotizado a ver tal cantidad de carne moviéndose con esa soltura y ese ritmo que sólo los cubanos tienen.
-¡M´hijo! acomódese que ahorita mismo Danay les sirve un jugo de frutas, deben estar muy cansados del viaje.
Carlos desapareció por la puerta que comunicaba la cocina con una especie de despensa junto con Cándida y ahí, sentado, como un pasmarote, se quedó Fernando, hipnotizado por los encantos de Danay.
