09. En la despensa

Carlos, tipo listo, comprobó que el plan que les había llevado a Cuba empezaba a funcionar. Si su hermano miraba así a las caderas de Danay, le iba a costar menos de lo normal que dejara de mirar a las mujeres como seres extraños. “¿Cómo pueden ser dos hermanos tan completamente distintos en un asunto tan normal?” No lo llegaba a entender.

Aprovechó la inmersión de Fernando en las curvas de Danay para ponerse al día con Cándida sobre algunos temas.

- Madre mía, Cándida, casi hace medio año que no vengo, qué ganas tenía de respirar este aire. ¿Sabes si papá tiene pensado venir este verano? Desde que mi hermanastra Luciana ha cumplido 15 años, ya no se deja ver el pelo

- Así es, señol, su padre deber tener miedo de que aquí los cubanitos bailen con su hija o, quién sabe, quizás con su mujercita brasileña, son “celosotes” los españoles.

- Es que… no se le quita de la cabeza que es casi 25 años más joven que él. Las mujeres de esta parte del océano, Cándida, nos volvéis locos. Nos engatusáis, y nos traéis para acá, nos hacéis hijos y mira, acabamos como mi padre.

- No diga eso, señol, usté bien sabe que si se es listo, tienen más que ganar que que perder… A usté aún no le cazó ninguna.

- Así es, y nunca lo harán. Espero que Fernando no se nos vaya de las manos, este plan que tenemos tú y yo entre manos, será para su bien si nos sale… pero como salga mal, a ver quién le lleva de vuelta a España.

08.Hipnotizado

Alargó la mano para hacer sonar la campana de la puerta, “talán-talán”, al cabo de unos segundos se oyeron unos pasos acercarse a ellos, la puerta se abrió y tras ella, a pareció el rostro regordete de una señora de unos 70 años….

- ¡Señorito “Cal-los”! ¡Cuánto tiempo sin vístannos!
- Ya ves, Cándida, unos cuantos años, pero es que tengo demasiado trabajo y apenas tiempo libre, pero en cuantito he podido, he venido a verte vieja bruja!!

Y dándole un fuerte abrazo entraron en la majestuosa casa.

- Cándida, te voy a presentar a mi hermano, se llama Fernando,
-Señorito Fennando, es un plaser para nosotros que haya venido a esta su casa- le abrazó como si le conociera de toda la vida, algo a lo que Fernando no estaba acostumbrado, el contacto físico es algo que a él le superaba.

Cándida, se adelantó con Carlos y les dirigió hacia la cocina, una estancia lo suficientemente amplia como para dar de comer a todo un colegio, donde se encontraba Danay, una linda cubanita de caderas prominentes que movía al son de los tambores que salían del hilo musical que recorría toda la casa. Fernando se quedó hipnotizado a ver tal cantidad de carne moviéndose con esa soltura y ese ritmo que sólo los cubanos tienen.

-¡M´hijo! acomódese que ahorita mismo Danay les sirve un jugo de frutas, deben estar muy cansados del viaje.

Carlos desapareció por la puerta que comunicaba la cocina con una especie de despensa junto con Cándida y ahí, sentado, como un pasmarote, se quedó Fernando, hipnotizado por los encantos de Danay.

07. La Casa Weyler

El taxista arrebató la maleta de su manó y la colocó junto a la de Carlos en el maletero del coche. Prefirió no pensar en qué otras porquerías había metido ese hombre ahí detrás y se sentó en el lado izquierdo trasero, justo detrás del conductor.

Carlos iba sentado junto al taxista y charlaba animadamente con él, como si le conociese de toda la vida.

Dejaron atrás el Aeropuerto Internacional José Martí, y enfilaron una avenida que, la verdad, no parecía tercer mundista. Fernando siempre había pensado que cuba era un país en donde solo había hambre, prostitutas y carreteras sin asfaltar. Se anotó mentalmente comprar algún libro diferente a "El Ojo Mágico" cuando regresase a casa.

Atravesaron zonas de nombres tan rimbombantes como Los Ángeles -interesante nombre para un país cuyo dirigente odia los Estados Unidos, pensó Fernando-, Los Quemados, Marinao y Cubanacán. Algunos de esos barrios sí se parecian más a su idea preconcebida de Cuba. Montones de casas y garitos hacinados en los que pensaba que no podrían vivir personas normales aunque por el aspecto risueño de sus habitantes pareciese que vivían en palacios, rodeados de riqueza. Cosas del calor, supuso.

Tras otros diez minutos atravesando hacinamientos de viviendas, empezó a ver más arboles y le dió la sensación de que habían cambiado de país. Miró el nombre de la calle, que decía "25 Avenue" y pensó si habrían atravesado un vórtice temporal o algo así. Cinco minutos más tarde, se pararon en la intesección de las calles 21 y 150.

Mientras el tal Miguel bajaba las maletas del coche, Carlos le dijo -date la vuelta ahora, hermano, y disponte a entrar en nuestra historia-.

Se encontraban en la entrada de una mansión que parecía sacada de una película de Hollywood. Palmeras, una piscina más grande que las que salían en las olimpiadas y una música de tambores que parecía salir de todas partes. Caminaron cinco minutos, en silencio hasta que llegaron a la entrada de la casa. Parecía que no había nadie.

El calor, la humedad y los malditos tambores -¿es mi sensación o cada vez suenan más altos?- le estaban levantando dolor de cabeza.

06. Vuelo 607

Iberia líneas aéreas de España les da la bienvenida al vuelo 607 con destino La Habana, la duración del vuelo será de nueve horas y media. El comandante y la tripulación les desean un feliz viaje.

Era la primera vez que volaba, y pese a ello no se puso nervioso en ningún momento, mamá le había dejado preparado encima de la cama su amuleto de la suerte, una vieja camiseta de tirantes de Scooby Doo que le apretaba ligeramente la barriga, por consejo de su madre la llevaba oculta bajo una de las horrorosas camisas de flores que le había hecho comprarse su hermano.

La primera media hora de vuelo la pasó en un estado de semi-hipnosis provocado por el vaivén de los pechos de una de las auxiliares de vuelo, mientras ésta movía los brazos señalando las salidas de emergencia Fernando la seguía con los ojos abiertos de par en par mientras pensaba; las chicas no me interesan, las chicas son malas y no me interesan.

El resto del vuelo transcurrió sin nada reseñable, no era consciente de las veces que se repitió el patrón comida, whisqui, dormir y vuelta a empezar. En una de esas se despertó con el avión ya aterrizando.

Al salir del aeropuerto su hermano le señaló un coche con la carrocería pintada al menos de 5 colores distintos, delante de él, un viejo hombre negro se acercó al verles, sin mediar palabra abrazó a su hermano y tras observarle detenidamente también le abrazó a él.

- Eres tal y como tu padre y tu hermano habían dicho.
- Miguel, llévanos a Villa Fiorina por favor. Interrumpió su hermano.

05. Arroz y poco más

Carlos caminaba por los pasillos de ropa. Cogía una prenda y la miraba. Luego, miraba a su hermano y le decía: "Ésta es perfecta". Entonces, la dejaba caer al suelo. Fernando, sumiso, iba detrás de él recogiendo todas las prendas que soltaba. Al final, sólo la mitad de ellas le servían. Pagó en efectivo, para lo cual aprovechó y se deshizo de varios euros en monedas de uno, dos y cinco céntimos, incrustados en su cartera desde no sabía cuándo.

La semana pasó sin pena ni gloria para Fernando. El lunes, mientras meaba con la puerta del baño abierta, observó a su madre, se puso a pensar qué conocía de Cuba, y dijo automáticamente: "Madre, hazme arroz a la cubana, que mañana me llevo un tupper".

Llegó el miércoles. No estaba seguro, pero ése era el día que marcharía con Carlos hacia Cuba. Desde que compraron su ropa y demás artículos, Fernando había delegado en Carlos cualquier cuestión relativa al viaje. Simplemente, cogió toda la ropa, la metió en una maleta y la cerró.

- Madre, me voy. ¿Cuándo llega tía Teresa?
- Llegará esta tarde.
- ¿Seguro que estarás bien hasta entonces?
- Descuida, mi niño. Yo no sé por qué te vas de viaje, pero si así lo has decidido, yo no soy quién para decirte que no lo hagas.
- Madre, yo no quería...
- Es igual. Me da igual. Vete, que sólo faltaría que se te escapara el avión.
- Adiós, madre. Te traeré un regalo.

04. Cuba

- ¿Cuba? ¿Qué carajo hago yo en Cuba?
- Tomar el sol, beber roncitos, conocer chicas….
- El sol me da urticaria, bebo wisqui sin hielo, y las chicas… -dudó -... ya no me interesan.
- Aguafiestas. Lo pasaremos de putísima madre.
- Madre,esa es otra, ¿con quien se queda madre si yo me voy a Cuba 10 días?
- Con la tía Teresa. Todo pensado hermanito.
- Hace más de veinte años que no se hablan. Concretamente desde que se enteró que había ayudado a papá acogiendo a Graciela, o es que no te acuerdas.
- No importa, hablé con la tía y me dijo que sería un buen momento para hacer las paces.
- Carlos, no quiero ir a Cuba
- Me importa una mierda. Soy tu hermano mayor y me hace ilusión pasar las vacaciones contigo.
- No te creo. Joder, llévate a un amigo
- Mis amigos no tienen vacaciones. Voy solo o voy contigo, y había una oferta 2x1.
- Eso ya me lo creo más…
- Gira a la izquierda.
- A tu casa se va por la derecha.
- No vamos a casa, pasmao, vamos al centro comercial. Dudo que tengas tú vestuario apropiado para Cuba.
- ¿Que tienen de malo mi ropa?
- Todo. Necesitas camisetas fresquitas, gafas de sol, bermudas, unas menorquinas…
- Escucha, todavía no he decidido si voy o no a Cuba, pero te aviso, no iré vestido de mamarracho.

En el outlet de ropa de marca, Fernando se sintió tan fuera de lugar como aquella vez que acompañó a su madre a clases de bailes de salón.
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