Cenaron en la terraza techada con madera antigua. Fernando seguía absorto en lo que había visto en la caja, pero Carlos no se daría cuenta porque, al fin y al cabo, Fernando siempre lucía la misma cara de no saber qué estaba pasando. No terminaba de comprender por qué Danay le había dado a él la caja, por qué no lo debía saber su hermano, si seguro que conocía el secreto de la familia,…
Cuando Cándida repartió las habitaciones, Fernando se puso el feísimo bañador de flores y bajó a darse un baño a la piscina iluminada, la estampa era de cuento de hadas. Se dejó caer en el agua, se movió como un zopenco acuático y encontró en las escaleras romanas un buen lugar para tumbarse, con el agua por el cuello. Se le cerraban los ojos, estaba roto de cansancio del viaje y por otro lado la mente le iba demasiado rápido.
De repente, abrió los ojos con un gran sobresalto, no sabía siquiera si se había llegado a dormir, pero aquello que vio en su mente fue del todo nítido. Miró en todas las direcciones, pero allí no quedaba nadie. Salió del agua corriendo, se enrolló la toalla como pudo y subió las escaleras empapándolas. Buscó entre la maleta que aún no había deshecho y lo encontró. La moneda que su padre le dio hacía tantos años y que nunca había perdido de vista, era exactamente idéntica a la que aparecía dibujada en uno de los papeles sueltos que estaban en la caja. “Memoria fotográfica, gracias a los libros de 3D” pensó esbozando una sonrisa…
Algo le decía que papá sabía dónde iba a estar la caja… ¿dónde dijeron que vivía? ¿cuándo dijeron que iba a venir?
14.Colba
Fernando cerró el cuaderno.
Había 3 o 4 libretas iguales a esta, escritos de principio a fin, con dibujos y anotaciones en los márgenes….
Cogió uno de los mapas, eran tan antiguo que Fernando tuvo miedo a que se hiciera polvo en sus manos. Lo miro con mucho cuidado.
- Esto era Cuba o Colba como se conocía mucho antes de que Colón atracara con sus barcos – indicó Danay viendo la cara de pasmo que tenía Fernando.
Oficialmente, en la isla está enterrado un tesoro, el tesoro de su familia;
Fernando miraba a Danay como si estuviera viendo una película en chino con subtítulos en ruso.
- Danay, ¿qué coño me estas contando?
- A ver, señorito, no se haga bulla y abra su mente, en esta caja esta toda la información que tenía su padre de un tesoro que escondió hace mucho tiempo. Un tesoro que robó, son unas monedas que transportaba un barco español y que tuvo la desgracia de naufragar cerca de nuestra isla.
Desconozco como se hizo su padre con esas monedas tan antiguas, pero Cándida seguro que si lo sabe y el señorito Carl-lo seguro que también.
... Fernando estaba completamente perdido... Con lo tranquilo que estaba él probándose zapatitos de mujer y viendo que piernas tan estilizadas le hacían y en cuestión de segundos, estaba inmerso en un follón de tres pares de narices, de un tesoro de unas monedas del año de Maricastaña……. ME CAGONELMAMONDEMIHERMANO! Por eso tanta insistencia en que viniéramos a cuba y no que nos fuéramos a Benidorm!
Recogió todos los papeles, recortes, libretas y los metió en la caja gris, dándosela a Danay, le pidió que la guardara en un sitio seguro.
Salieron de la habitación, Fernando se dirigió a la cocina donde le esperaba su hermano y Danay en dirección contraria para esconder la caja.
Había 3 o 4 libretas iguales a esta, escritos de principio a fin, con dibujos y anotaciones en los márgenes….
Cogió uno de los mapas, eran tan antiguo que Fernando tuvo miedo a que se hiciera polvo en sus manos. Lo miro con mucho cuidado.
- Esto era Cuba o Colba como se conocía mucho antes de que Colón atracara con sus barcos – indicó Danay viendo la cara de pasmo que tenía Fernando.
Oficialmente, en la isla está enterrado un tesoro, el tesoro de su familia;
Fernando miraba a Danay como si estuviera viendo una película en chino con subtítulos en ruso.
- Danay, ¿qué coño me estas contando?
- A ver, señorito, no se haga bulla y abra su mente, en esta caja esta toda la información que tenía su padre de un tesoro que escondió hace mucho tiempo. Un tesoro que robó, son unas monedas que transportaba un barco español y que tuvo la desgracia de naufragar cerca de nuestra isla.
Desconozco como se hizo su padre con esas monedas tan antiguas, pero Cándida seguro que si lo sabe y el señorito Carl-lo seguro que también.
... Fernando estaba completamente perdido... Con lo tranquilo que estaba él probándose zapatitos de mujer y viendo que piernas tan estilizadas le hacían y en cuestión de segundos, estaba inmerso en un follón de tres pares de narices, de un tesoro de unas monedas del año de Maricastaña……. ME CAGONELMAMONDEMIHERMANO! Por eso tanta insistencia en que viniéramos a cuba y no que nos fuéramos a Benidorm!
Recogió todos los papeles, recortes, libretas y los metió en la caja gris, dándosela a Danay, le pidió que la guardara en un sitio seguro.
Salieron de la habitación, Fernando se dirigió a la cocina donde le esperaba su hermano y Danay en dirección contraria para esconder la caja.
13. 1667
Diario de abordo de Sebastián Hernández Sonseca, capitán del galeón español Nuestra Señora de la Esperanza:
2 de septiembre de 1667, Isla de San Juan Evangelista, al sur de la Villa de San Cristóbal de La Habana, tras semanas de trabajo, la tripulación ya ha terminado de realizar las excavaciones, el tesoro del Rey descansa a salvo de piratas y corsarios./…/ De vuelta a la Habana, la tripulación ha sido retenida a su desembarco y posteriormente ajusticiada. Las dos únicas personas que conocemos el emplazamiento del tesoro somos su Eminencia el Maese inquisidor Ignacio Hermida y un servidor.
Sebastián cerró su diario y se tendió un rato sobre el jubón, no se fiaba el inquisidor y sospechaba que sus días estaban llegando a su final. Sobre la mesa reposaba su amuleto de la suerte, la calavera de un pequeño primate testigo de su primer viaje a las Indias, no tardó mucho en grabar un rudimentario mapa de la isla sobre ella antes de ocultarla bajo las tablas del suelo de su estancia.
No estaba desencaminado Sebastián en sus pensamientos, ya que fue envenenado esa misma noche mientras disfrutaba de una copiosa cena con su Eminencia, quién por esas casualidades del destino fallecería pocas semanas más tarde bajo unas intensas fiebres cuando ya avistaba las costas de Canarias. Los marinos, que siempre fueron supersticiosos, no dudaron ni un instante en alimentar a los peces con el enorme cadáver del mezquino inquisidor.
2 de septiembre de 1667, Isla de San Juan Evangelista, al sur de la Villa de San Cristóbal de La Habana, tras semanas de trabajo, la tripulación ya ha terminado de realizar las excavaciones, el tesoro del Rey descansa a salvo de piratas y corsarios./…/ De vuelta a la Habana, la tripulación ha sido retenida a su desembarco y posteriormente ajusticiada. Las dos únicas personas que conocemos el emplazamiento del tesoro somos su Eminencia el Maese inquisidor Ignacio Hermida y un servidor.
Sebastián cerró su diario y se tendió un rato sobre el jubón, no se fiaba el inquisidor y sospechaba que sus días estaban llegando a su final. Sobre la mesa reposaba su amuleto de la suerte, la calavera de un pequeño primate testigo de su primer viaje a las Indias, no tardó mucho en grabar un rudimentario mapa de la isla sobre ella antes de ocultarla bajo las tablas del suelo de su estancia.
No estaba desencaminado Sebastián en sus pensamientos, ya que fue envenenado esa misma noche mientras disfrutaba de una copiosa cena con su Eminencia, quién por esas casualidades del destino fallecería pocas semanas más tarde bajo unas intensas fiebres cuando ya avistaba las costas de Canarias. Los marinos, que siempre fueron supersticiosos, no dudaron ni un instante en alimentar a los peces con el enorme cadáver del mezquino inquisidor.
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